José Martí representó la mujer en su privilegiada condición de hacedora de vida

jose-marti-a-la-madre-016Palma Soriano.- El segundo domingo de mayo es dedicado a las madres.  Cómo no hablar entonces de lo que para nuestro José Martí representó la mujer en su privilegiada condición de hacedora de vida.

“Toda madre debiera llamarse Maravilla”, máxima de los Cuadernos de Apuntes Martianos en la que desnudó sus sentimientos. Y es que el Maestro, que era transparente como el cristal,  nació de una mujer sencilla, limpia, fuerte, buena esposa y buena madre, poseedora del mágico encanto de transmitir la sabia amorosa a sus descendientes, como sólo lo saben las almas generosas y grandes.

Hay que recordar que cada rostro femenino que asoma en la obra martiana es un pedazo de la existencia del apóstol, de ahí que resaltara en más de una ocasión la figura de Leonor Pérez y de otras como Mariana Grajales, la madre de Los Maceo.

No importa que comentemos del adolescente que escribe Abdala o del hombre que en los umbrales de Dos Ríos está a un paso de hallar la inmortalidad, cualquiera que sea la fecha que escojamos, cualquiera que sea la mujer que hallemos, si habla el poeta, el periodista, el esposo, el hijo… siempre hallamos detrás, como un eco, la misma frase: “Flor para amar, estrella para mirar, coraza para resistir.”  La mujer como la más perfecta forma de la naturaleza, la única capaz de hacer nacer las estrellas que darían la luz a Cuba.

Para el Héroe Nacional Cubano, “las madres son amor, no razón; son sensibilidad exquisita y dolor inconsolable, para también sentenciar que sus brazos son cestos floridos, sin los cuales añadiríamos nosotros, se hace imposible imaginar el mundo.”

En este segundo domingo de mayo, llegue pues a todas las madres, el aliento perdurable del Martí de todos, del que vio en ellas el apoyo imprescindible, el amor consistente y el amparo contra el cual se destruye maldad, hipocresía, soledad.

“No cree el hombre de veras en la muerte hasta que su madre no se le va de entre los brazos, dijo el apóstol.  La madre, esté lejos o cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida.  Algo nos guía y ampara mientras ella no muere.  La tierra, cuando ella muere, se abre debajo de los pies.”(Por: Karina Brooks Carballo)

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