Al buen chismoso, no bastan pocas palabras

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Palma Soriano.- Anda de boca en boca, a cualquier hora del día. Se para desde  una esquina, escruta todo el escenario, almacena cuanta información se haya escapado a sus habilidades y luego, espera el momento para dar el zarpazo. Es que, al buen chismoso, no bastan pocas palabras.

Ser chismoso, para algunos, es  una vocación aprehendida mejor que cualquier lección escolar, hogareña o incluso profesional. Hasta estos destinos se esparcen las llamadas “bolas”, a la manera tradicional. Un rumor, alguien escuchó algo y lo repitió, por supuesto, añadiendo algún que otro detalle. Al final, la cara de la historia  es muy diferente a los hechos concretos.

Desde su infalible ritual, el chismoso es fiel audiencia de todo cuanto sucede. Un largo repertorio comienza a engordarse como la mentira. Crece, crece hasta que explota. Y este cambio no hace más que producir increíbles daños, a los implicados y por supuesto, a las víctimas.

Pero como decía, para ser chismoso, se necesitan aptitudes especiales, de las  que abundan, pero hay que saber dominarlas.

Primero: anhelar y pretender hablar de todo el mundo, sobre todo si casi nunca en el rumor, van contenidas alabanzas. La suspicacia debe ser una cualidad fundamental, que junto a la investigación darán con el objetivo del chu chu chú. Tercero: se deben contar con varias fuentes de información, que tributen todo aquello que no haya sido captado por motivos de trabajo, tareas del hogar o aquellas pocas horas dedicadas al sueño. Y ya que menciono a Morfeo, el chismoso siempre, siempre, deberá estar con los dos oídos y los ojos bien abiertos. Sólo así tendrá éxito en esta carrera de muchas gratificaciones, para él o ella claro, no pocos enemigos, pero otros tantos, interesados, en el suceso del día.

Lo cierto es que, nos guste o no, debemos aprender a convivir con ese chismoso, que no respeta los límites de la intimidad ajena. ¿Y cómo reconocerlo disfrazado en la cotidianidad? Sencillo. La clave está en estas frases: ¿Te enteraste? O a mí no me creas pero… (Por: Dainiubis Soler Amiot)

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