Carlos Manuel de Céspedes, forma parte de las crónicas de nuestra ciudad

carlos-manuel-de-cespedes-015Palma Soriano.- Trágicos acontecimientos pusieron fin a la vida de Carlos Manuel de Céspedes, un 27 de febrero de 1874.  Había sido confinado a un remoto lugar de la Sierra Maestra, en San Lorenzo. Allí fue ubicado por un batallón del ejército español. Un desigual combate se produjo y cayó el héroe, pero su espíritu se inmortalizaría en la historia de las gestas revolucionarias.

Muchos años han pasado tras su muerte y los cubanos, llegada esta fecha, le rinden honores. Para los palmeros, Céspedes es más que un nombre, es una presencia viva que forma parte de las crónicas de nuestra ciudad. Pues en el año 1852, fue desterrado junto a su amigo José Fornaris hacia las tierras del entonces primitivo Palma Soriano.

Durante su estancia, bajo la custodia permanente del capitán del poblado, los ilustres detenidos bajaban hasta el río Cauto donde se entretenían escribiendo poesías y admirando el  paisaje. Tiempo en el que Céspedes nos legó su Oda al Cauto, testimonio de cuánto lo cautivó la belleza del río. Tiempo que también daría origen a varias leyendas sobre donde residió. Afortunada coincidencia que nos une a uno de los tantos episodios de la vida del Padre de la Patria.

Cada 27 de febrero no hemos de conmemorar su caída en combate, sino celebrar su presencia, atesorada en muchos rincones de esta ciudad. (Por: Mey Ling Changa Aguilar)

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