Será acaso sólo pan y cebolla y no celulares o ropa de marca

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Palma Soriano.- Hace apenas unos días, Palma Soriano asistió al privilegio de la reciente propuesta cinematográfica cubana: “Contigo Pan y Cebolla, adaptación de Juan Carlos Cremata Malberti, de la homónima y clásica pieza teatral del dramaturgo Héctor Quintero.

No diré, una vez más, cuántos apenas asistimos a la función del fin de semana. Tampoco es asunto del comentario, intentar persuadir o juzgar al que prefiere, tal o más cual forma de emplear su tiempo libre. Tomo como pretexto el tema de este filme, por cierto, bien logrado a mi juicio. Para referirme a su permanencia y manifestación en nuestro contexto.

Las apariencias. El tan temido qué dirán, la ostentación y el status social. Durante muchas generaciones acompañaron y aun van unidas a no pocos hogares y familias. En una reflexión anterior me referí al importante arribo de los quince años y el ahínco desenfrenado por dar lo que se tiene y lo que no al o la adolescente.

Mas, su campo se extiende a la cotidianidad. Al ir y venir. El propio joven que exprime a sus padres por tener el último alarido, no grito, de la moda. La muchacha que se lanza al peligroso mundo de la acumulación de cosas. Que si este móvil es mejor porque es más caro. O dijo en la casa que le compraran tal o más cual artículo en un país extranjero.

Y detrás. En el seno del hogar: unos padres que tal vez tengan los medios necesarios para satisfacer semejantes pedidos. ¿Pero y si no es así? ¿Hasta qué punto serían capaces de llegar para complacer a sus hijos?.

Digo yo que la vida no se trata de una carrera para ver quién tiene los muebles que más cuestan, la casa mejor ubicada, la ropa de alta costura. Tampoco es acerca de lo que dices tener, gritándolo a toda voz; para al final asistir a un escenario completamente falso. Recuerdo aquello de la mentira tiene las piernas  cortas… Al final, no terminará bien. De igual manera: si a los hijos se les da lo que posees, lo que no. Lo que puedes alcanzar y más allá. Entonces habrá que atenerse a las consecuencias. Lo que comenzó a torcerse desde edades tiernas, será un camino más difícil de enderezar.

Lo que se logra y se sostiene con el sudor de la frente, tal vez para unos cuantos no represente nada. Será acaso sólo pan y cebolla y no celulares o ropa de marca. Pero orgullo, sacrificio, mérito y valía aportan: no llevan impreso una cifra: son valores que no tienen precio. (Por: Dainiubis Soler Amiot)

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