Manos femeninas que prosperan con el sudor y sabia de su trabajo: Mujer Rural

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“Y detrás de cada escuela un taller agrícola, a la lluvia y al sol (…) Es necesario mantener a los hombres en el conocimiento de la tierra y en el de la perdurabilidad y trascendencia de la vida”. José Martí

Palma Soriano.- Aún el alba no ha despuntado y las manos de ella, algo rudas por la dureza de la tierra, toman la escoba para desbrozar el polvo que carretas, mulos y caballos dejan, en el camino,  al paso del  regreso del día anterior, después de las labores  en el campo.

Rosas, amapolas, marpacíficos, girasoles y hasta hiervas aromáticas para infusiones, espigan en busca de los primeros rayos del Sol. La Luna ha vuelto a su sitio, es de día, el gato duerme bajo la sombra de la mata de mango que se resiste a la poda de algunas ramas, cuyos frutos,  cada vez  más pare el árbol, en tiempo de cosecha. Enhorabuena!.

Adentro, en la cocina, ella alista todo, el agua ebulle, el empinador espera por el café ¨carretero¨, y todo está listo para colar. Amanece y ella maquillada con mesura, pañuelo, sombrero o gorra a la cabeza, se apresta para llegar al campo que hace parir el alimento que, en la comunidad y la ciudad, todos esperan.

Son las diez de la mañana, el guano que da cobija a la familia y calentado por el astro rey, anuncia que es mediodía. La mesa está servida, dispuesta con los mismos  atuendos  que su madre le enseñó para que la tradición no muera. En familia, es preciso almorzar. Un breve reposo es preciso,  pero antes es necesario un buchito de café, nada es la costumbre.

Ella toma la siesta en el portón de la casa, no repara en las fuerzas y el ánimo para volver al surco, pasadas las cuatro de la tarde.

Nacida en un medio rural, la mujer campesina, aquí, percibe que en ese medio encuentra también la realización personal, pese que la vida moderna propiciara en muchas de sus compañeras, la emigración a la ciudad.

Los meses y años de duro trabajo en la tierra hacen que un día el reconocimiento moral llegue a su desempeño que tanta atención, ahínco y amor ha puesto en él. No hay arrepentimientos por ser , eso que hoy en día también se le conoce como, Mujer Rural. Es esa cubana campesina, también palmera que ama, no quiere quedar atrás con la moda y prospera con el sudor de su trabajo, y la sabia de los secretos de la tierra. (Por: Marcia Jerez Valón)

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