Carnavales de ayer y hoy

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Palma Soriano.- El baile acompañó desde siempre los pasos de Cuba, por entre los laberintos de la historia. Ya en años de la colonia, y con cualquier pretexto se formaba un baile o una timba. Lo mismo en fechas religiosas, acontecimientos familiares, una boda o un bautizo. Los motivos más que suficientes, para dar rienda suelta al disfrute.

Y eran los carnavales en aquel entonces de un brillo extraordinario. Cada población, tenía sus días específicos de celebraciones. Fue aquí, cuando tradiciones comenzaron a arraigarse para formar parte de las propias raíces de Cuba.

Por las calles y plazas, calzadas y vecindades. En quitrines y volantes, o de acuerdo a las posibilidades económicas se armaba el desfile. Las mujeres más bellas hacían las delicias de los que presenciando el paseo, arrojaban flores o serpentinas desde los balcones. O bien cantaban alabanzas y refinados piropos a estas protagonistas. Por supuesto, las mascaradas y comparsas perfeccionaban el espectáculo. Las comparsas, constituidas en su mayoría por la clase baja, herederos de los negros esclavos, cantaban al ritmo típico de su música traída de África. Y las mascaradas de blancos y negros, con una nota de humor que nunca más se separaría de las festividades.

Y qué decir de las congas, surgidas a principios del siglo XX, con su toque de rivalidad, virtuosismo y poesía propia que se volvería típica no sólo del foco, del barrio donde nacieran. Pues fue definición incluso, de la región de Cuba, de una forma de tocar y sentir diferente el ritmo del tambor.

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De ahí que estas celebraciones, llámese carnavales, parrandas, o bajo cualquier otro término, forman parte de esa cultura que resume también la identidad cubana.  Ahora vestidas de contemporaneidad, sí, pero su esencia, al menos permanece intacta. Y a pesar de las disímiles etapas, dificultades, transformaciones, ha visto pasar el tiempo acoplándose perfectamente a los nuevos aires. Aunque por el momento, no se avista el peligro de extinción, es preciso preocuparse y ocuparse de que se transmitan a las nuevas generaciones, como mejor modo de que continúen acompañando, año tras año, esos días especiales. Que siga siendo ese aire, ese hálito de vida que llena cada pueblo y ciudad.  Sello distintivo de Cuba.

Con recursos propios. Con mayor empeño. Fuente inagotable de riqueza espiritual y alegría desbordada. Fiestas carnavalescas: Música, baile, tradición que perdura. (Por: Dainiubis Soler Amiot)

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