Educar el gusto musical: asunto de acción y presente de Cuba

orquesta-aragon-014

Palma Soriano.- Ligada no sólo a nuestra identidad, la música cuenta historias, engrandece el  alma, habla del paso por la vida que es y también aquella huella que dejamos. Es que la música ha marcado también a la Cuba nuestra.

Desde aquellas zarzuelas y contradanzas, patrimonios de siempre. La vieja trova, sus guitarras y serenatas. El danzón, el son, bolero. Mambo y cha cha chá que contagiaron al mundo con su estilo. Todos y cada uno de estos ritmos alimentaron la savia musical construida. Esa tan prestigiosa y envidiada por tantas naciones.

Si bien, a pesar de los grandes esfuerzos. La  política cultural trazada por la Revolución para salvaguardar estas conquistas. Eso que se llama globalización invade por todas partes. No podemos estar de espaldas a lo que sucede en materia musical. Las redes sociales. Los conocidos paquetes, que se distribuyen de forma no convencional. En cualquier esquina o establecimiento donde se expenda este producto. Ahí está el  último número. El artista de moda. El ídolo del momento. Poco importa si es latino, anglosajón. O proviene de los mercados asiáticos, muy en boga en los últimos tiempos. Y es precisamente el espacio aprovechado, para que se cuelen expresiones que nada aportan. Todo lo contrario: empobrecen ese legado. Y eso ocurre sin que medie o intervenga institución alguna.

No es el momento, para hacer saltar por los cielos el reggaeton, ritmo que ha servido de pretexto, para enjuiciar su calidad y letras. Existen muchísimas expresiones, no exentas de frivolidad y mal gusto. La necesidad está precisamente en saber regular lo que consumimos. Es ir más allá de la televisión. Profundizar en la radio, esa vieja amiga, que acompaña aún las horas de miles de sus enamorados.

Jerarquizar, eso sí. Pero nunca excluir, lo novedoso  y bueno. Porque tal vez se trate de una canción valiente o un intérprete que no nos convenza porque no está acorde a lo preestablecido.

Y más que todo lo anterior. Respetar el criterio del otro. Preocuparnos y ocuparnos, de que esa política cultural sea cuestión colectiva. De la casa, la escuela. El círculo infantil donde se prepara el futuro de nuestros hijos, pero donde igualmente asentimos al verlos bailar como adultos. Educar el gusto musical, bien es sabido, no es cuestión de horas o días. Pero sin duda alguna, sí es asunto de la acción y el presente (Por: Dainiubis Soler Amiot)

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Cultura y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s