De Palma Soriano, Sonando en Cuba

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Félix Antony Puig Lugo

Palma Soriano.- Luego de indagar por la dirección del joven palmero Félix Antony Puig Lugo, uno de los concursantes de la tercera temporada del espacio televisivo Sonando en Cuba, finalmente encuentro su hogar, pido permiso y me percato que estoy, como en otras, ante una familia común pero formidable, llena de hermosos valores.

Antony, con el número tres en la competencia, es ahora la noticia para nuestro terruño y, en especial, para quienes le vieron nacer y crecer, su familia.  En ameno diálogo, su tìa-mamà Marisela Lugo Reyes, quien es muy locuaz, nos acerca un relato de su sobrino amado: “Mi sobrino tiene un talento divino, un don, se caracteriza por un carácter alegre, jovial, dispuesto a darlo todo. Estamos maravillados por ese talento que demuestra. Yo lo conocía como cantante de reguetón, pero hoy le agradezco a Dios y la vida que él es sonero, bolerista, cantante de timba, de salsa, de todo lo que venga.”

Al voltear mi mirada, Rafaela Lugo Reyes, la madre de Antony, le brillan los ojos. Callada y atenta escucha el sentir de su hermana Marisela sobre el nobel cantante, su hijo. Sin más, Rafaela nos comenta: “Como madre estoy agradecida y contenta por ese regalo que Dios le ha dado. Su formación musical fue siempre en la Iglesia donde representó varios festivales, él no tuvo academia o escuela de arte. Le compré un piano, siendo él pequeño y confieso que al inicio tuve duda si valía la pena si iba a aprovechar mi sacrifico o no, pero mi hijo no me ha hecho quedar mal.  Teté una excelente maestra de clases de piano, en nuestro terruño, me lo enseñó mucho y le estoy agradecida a ella también”.

“Mi Antony reconoce que Sonando en Cuba le ha enseñado muchas cosas del mundo artístico-musical que él  desconocía, desde la proyección escénica, de cómo dar cada nota;  él presta mucha atención a todos los detalles. Por demás, quiero agradecer a sus mentores y reconocer que en esta temporada, como en las anteriores, hay  jóvenes muy talentosos”,  expresa la madre de Antony.

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Familia Lugo

Por esas cosas de la vida que suelen tener los adultos mayores, María Reyes Borrero, abuela de Antony siempre tuvo la intuición y fe que su nieto amado sería un gran artista: “Muy decidido y, en ausencia de su mamá, me informó que saldría para Matanzas a probar suerte y superarse, primero con un grupo, y yo me dije: ¡¿Pero ¿¡qué me hago ahora si tu madre no está en casa!?, su tía Marisela le facilitó un dinerito ahorrado.  Le fue bien por el occidente del país y luego se le presentó la oportunidad del espacio Sonando en Cuba y ya usted ve: es grande mi nieto. Sé que va a triunfar!” .

Tras una de las primeras presentaciones de Sonando en Cuba, del joven músico y cantante palmero Félix Anthony Puig Lugo, Haila María Mompiè, expresó haber quedado cautivada por la voz del nobel muchacho quien pone gusto a lo que ejecuta y además ataviado de un alma adulta como la del Bárbaro del Ritmo, Benny Moré, alma que al decir de esta, se apodera de él. Por su parte, Paulito FG, tutor de la región oriental en uno de los halagos públicos y con justeza del jovencito, significó la tímbrica de Antony, su sensibilidad para el canto, su articulación.

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Corazón y Fe

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Palma Soriano.- Desde hace siete años a Enriqueta Bravo Naranjo el destino le cambió completamente las expectativas de vida. Su única hija Grethel Martínez Bravo quien hace poco cumpliera 13 años comenzó a padecer de una enfermedad que la dejó atada a una silla de ruedas.

Con el empuje de su corazón y como luchadora natural que siempre ha sido, Enriqueta de 46 años y antigua trabajadora de la Empresa Provincial de recursos Hidráulicos “Aguas Turquino”, ha salido adelante en esta prueba tan difícil.

Sola, no lo ha logrado porque ha contado con el apoyo de quienes le rodean: familiares, amistades, compañeros de labor y sobre todo, sus vecinos de calle segunda en una populosa área del reparto La Cuba.

Esta mujer no sabe cuanto tiempo más tendrá que esperar que su pequeña Grethel Martínez Bravo, ya adolescente, vuelva a ser como antes. Pero, se recupere o no del síndrome Guillent Barret ó la neuropatía severa que le aqueja a su hija, siempre estará a su lado cuidándola y alimentándola con esa fe que toda madre lleva por dentro, fe que ha transmitido a Grethel quien a pesar de sus padecimientos dolorosos y prolongados tratamientos es optimista y se aferra a la idea que un día no lejano, volverá a correr y sus manos y brazos volverán a ser los diestros como cuando niña.

Por eso, sus labios siempre dibujan una sonrisa, aunque el corazón se le apriete y su boca pueda solo balbucear algunas palabras. Corazón y fe no le faltan a madre e hija para que la vida vuelva a ser como antes.

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